La Procesión del Silencio en Salamanca es una de las tradiciones más solemnes que se efectúan. Es una demostración de fe y de duelo por la muerte de Jesús.
Se realiza todos los años el Viernes Santo y recorre las principales calles de la ciudad; toman parte en ella los fieles cristianos.
Se sabe que en Salamanca, a partir de la llegada de los agustinos en 1615, se comenzó a organizar esta marcha de duelo de manera ininterrumpida hasta 1860 aproximadamente, año en que se abandona esta tradición debido a las Leyes de Reforma y los momentos críticos por los que atravesaba el país.
Sería hasta el año de 1966 cuando nuevamente el Padre Agustino Camilo Montes Vega la hace resurgir y hasta la fecha se sigue realizando pasando a ser en el estado una de las Procesiones más organizadas y solemnes, pues en otras ciudades como Celaya y San Miguel de Allende también se efectúa este recorrido.
La Procesión tiene la finalidad de hacer que los fieles mediten, se recojan, piensen en la muerte, pasión y resurección de Cristo y sigan el mensaje del Evangelio que él dejó.
La organización de la Procesión se inicia durante la cuaresma, invitando los frayles agustinos a los fieles para que participen activamente en los diversos pasajes de la pasión. Reúne a los porteadores (personas que cargan las imágenes sumando un total de 60) y a otro grupo que ayuda a la preparación de las efigies y cuidando pequeños detalles que requieren ser atendidos con anticipación.
La Procesión pues, está compuesta de varias Cofradías, cada una de las cuales tienen su nombre: "El encuentro", que representa el encuentro de María y Cristo cuando éste va cargando la cruz; acompañan el cortejo señoritas que llevan vestido negro con rebozo blanco. "El Señor de la Columna", consistente en una imagen de Cristo donde se le ve atado a una columna recibiendo los azotes, una noche antes de ser crucificado. El cortejo está compuesto por pequeños que usan un hábito blanco con capucha morada. "El Señor del Perdón", imagen que representa el momento cuando Cristo crucificado dice: "Perdónalos Señor no saben lo que hacen". El cortejo lo integran señores que visten hábito con capucha morada. Le sigue la Cofradía del "Señor al Santo Entierro", donde ya se ve a Cristo dentro de un ataúd de cristal, luego de que su cuerpo ha sido bajado de la cruz y lo llevan a darle cristiana sepultura. Los acompañantes son jóvenes vestidos de blanco con capucha roja. Por último, cierra la Precesión "La Virgen de la Soledad" y el cortejo lo acompañan señoras vestidas de negro.
Cabe hacer notar que cada una de las cofradías lleva una cruz guía y que independientemente de estos grupos, va uno compuesto de señoritas que llevan las insignias del Señor: la Sábana Santa, la escalera, el gallo que le cantó a San Pedro, los dados con los que se rifaron el vestuario de Cristo, los dos clavos, la estopa, la corona de espinas, la lanza, etc.
La solemnidad de esta Procesión, además de los atuendos, se completa con los faroles que cada uno de los aproximadamente 600 fieles que toman parte, portan además del sonido seco y constante de un solo golpe en los tambores que anuncian el paso del cortejo.
El punto de partida de este recorrido es el Templo de San Agustín, para seguir por la calle Revolución, tomar Vasco de Quiroga, luego doblar por Juárez, Tomasa Estevez, Morelos, Obregón, San Antonio, Zaragoza, regreso y arribo al Templo.
Durante la estancia del Padre Camilo Montes como prior del Convento Agustino, alcanzó la Procesión un nivel alto en cuanto organización y lucimiento, ya que en esquinas estratégicas se cantaban saetas interpretadas por el Coro Miguel Bernal Jiménez y se leían pasajes bíblicos. Todo el recorrido tiene una duración aproximada de dos horas.