Historia

Hacia los mediados del siglo XIX a pesar de las continuas sublevaciones de tropas que ocurrían en el país; en Salamanca se hacían intentos de nuevas empresas de industria y fuentes de trabajo, algo se lograba aunque a veces de modo poco durable. Se estableció entonces una gran fábrica de Loza propiedad del Sr. Cura Don Luis Saavedra, la cual fue inaugurada por el Presidente de la República, Don Ignacio Comonfort, el 28 de Septiembre de 1855, no fue como otras alfarerías de la región, contaba con maquinaria para revolver y varios hornos para diferentes técnicas, y trabajaba vajillas y artículos domésticos a base de arcillas y caolines de Guanajuato y santa Cruz, El Arquitecto Israel Katzman, menciona en su libro "Arquitectura del siglo XIX en México, editada por la UNAM en 1973, "A mediados de siglo, ya se fabricaba en Salamanca, el ladrillo refractario, sobre todo para uso industrial.

Pero al emprender en la ciudad de México el mismo giro, la Fábrica del Niño Perdido, en 1865, debido a la gran calidad técnica y artística de las piezas que se fabricaban en Salamanca, sonsacaron a los operarios ocasionando la muerte de la Fabrica de Loza Salmantina.

Doña Tecla y Don Patricio Valencia, padres de la Ilustre Emeteria Valencia, benefactora y fundadora de asilos y establecimientos de enseñanza. Conocedores de la industria textil, instalaron en Salamanca, una fábrica con telares movidos por maquinaria procedente de Inglaterra, pero en el año de 1845 se trasladaron a Salvatierra en donde instalaron una fábrica más grande quitando la de Salamanca.

En el Agitadísimo medio siglo que siguió a la Independencia Nacional, el Convento de San Agustín se vio dos veces invadido de tropas, y convertido en hospital de las mismas: la primera cuando la batalla de Coalición y la segunda durante la epidemia del cólera grande en 1833, cuando se convirtió en cuartel de las tropas del General Santa Ana, y donde murieron cientos de soldados.

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