José Silva Tavera, aunque no fue nacido en Salamanca, gran parte de su vida y su familia estuvo íntimamente ligado a esta ciudad, más concretamente, al rancho "La Tinaja".
Fue un destacado militar que el año de 1911 combatió a los revolucionarios en el norte del país.
Dos años después, en una que puede llamarse de sus acciones más sobresalientes, defendió el Palacio Nacional contra el ataque en que murió Bernardo Reyes, uno de los Presidenciables de la época.
Curiosamente, su hermano Macario, combatió pero del lado de los revolucionarios.
A continuación, un relato que nos proporcionó su familiar Juan Manuel Silva González, quien justo es decirlo, ha recopilado material muy interesante sobre sus parientes.
El radica en Salamanca.
José Silva es una de las figuras que surgen como un relámpago desprendido de una nube de tormenta para alumbrar con su gesto heroico las páginas gloriosas de nuestra historia.
El Mayor don José Silva nació en el rancho de Sanabria, Municipalidad de Valle de Santiago, Gto., en el mes de febrero del año de 1885. Fueron sus padres, el Gral. Don Macario Silva la señora doña Martina Tavera.
Su instrucción primaria la hizo en esta ciudad con el Prof. Don Luis Martínez, pasando en seguida a Guanajuato para cursar la preparatoria en el Colegio del Estado; terminada ésta, ingresó al Colegio Militar en la Capital de la República en el año de 1905, siendo el Director del Plantel el Gral. Don Juan A. Villegas. En el año de 1910 terminó sus estudios y salió del Colegio con el grado de Teniente, sentando plaza con tal carácter en el Regimiento de Artillería al mando de el Gral. Don Enrique Mondragón.
A principios de enero de 1911, el Coronel don Antonio Rábago fue mandado a la campaña del norte, al saberse que estaba amenazada Casas Grandes, llevando como jefe de la sección de ametralladoras al Teniente José Silva, encontrándose de Chihuahua en adelante; por todo el camino, fuerzas insurgentes, que tuvieron una serie de combates con la gente que comandaba Casillas, Lucio Blanco y otros jefes, siendo entre ellos el más serio el de Galeana, que le obligó a replegarse a Casas Grandes. Pero como los amagos de los revolucionarios a Ciudad Rabago acudiera a reforzar la guarnición de aquella plaza.
El coronel Rabago se apresura a cumplir aquel ordenamiento; pero Pascual Orozco es informado con oportunidad de este acuerdo y se prepara a impedir su realización, encontrándose unos y otros contendientes el 4 de febrero de 1911. El combate fue sostenido con brío, por ambos lados, estando a punto de sucumbir las fuerzas del Coronel Rabago. La fatalidad completa su obra; la última ametralladora que dirigía el Teniente Silva, dejó de funcionar; estaba inutilizada por un tornillo, por un cartucho o por nada quizá.
Entre los artilleros que veían segura la derrota y los enemigos que comprendían el triunfo seguro, por la superioridad numérica, estaba el Teniente Silva componiendo el arma. No podía tomar, para ello, más que una postura: en la que presentaba el pecho a las balas contrarias. Y así, impasible, absorto sobre la ametralladora descompuesta, el valiente oficial revolvía en la mano experta el destornillador, y con lentitud reparaba el desperfecto. A su lado caían sus compañeros por la lluvia de balas de los enemigos.
Cuando el último soldado cayó, los rebeldes avanzaron; ya no tenían enemigos; un hombre con un arma inútil, era nada; se lanzaron sobre el artillero, dando gritos de triunfo; un rebelde, pecho de tierra apoyando el cañón de su arma, con firmeza, disparó; la bala quitó al artillero el Kepi.
Se acortaron en un minuto las distancias; de quinientos metros que separaban a los contendientes, ahora estaban sólo a treinta. De pronto el abanico de fuego de la ametralladora se abrió terrible sobre el enemigo, y la victoria fue del heroico Teniente José Silva a él, y sólo a él, se le debió aquel triunfo; y por ese rasgo del inteligencia y valor supremo, fue ascendido a Capitán 2º.
Aflojaron su fuegos las fuerzas de Orozco; el Coronel Rábago a punto de avanzar con dirección a ciudad Juárez, donde entró con su diezmanada columna, renaciendo con su presencia la confianza y la tranquilidad de sus habitantes. La guarnición de aquella plaza estaba al mando del Coronel Manuel Tamborel, al tener conocimiento del gesto heroico del Teniente Silva, hicieron una manifestación pública de simpatía al intengérrimo hijo del Colegio Militar.
Al regresar a la Capital, después de los tratados de Ciudad Juárez, volvió a encargarse de la Sección de Ametralladoras, con el ascenso de Capitán 1º por méritos en campaña.
El memorable día 9 de febrero de 1913, se encontraba de guardia en el Palacio Nacional el Capitán José Silva, cuando estalló el cuartelazo; trataron de convencerlo a que se uniese a aquella asonada; pero el Capitán Silva, sintiéndose ofendido en su honor militar, contestó con energía: "Jamás decepcionaré, mi deber está en defender el gobierno constituido".
A las ocho de la mañana, el Gral. Don Bernardo Reyes, al frente de las tropas sublevadas, llegó frente a Palacio y al tratar de penetrar por la puerta principal, se rompe el fuego por parte de la guardia y el Capitán Silva hace funcionar su ametralladora, quedando muerto en esa jornada, entre otros muchos; EL Gral. Reyes.
El valor, la lealtad y bizarría con que se portó en esta acción el capitán Silva, y durante la decena trágica, hizo que el Gral. Don Lauro Villar, Comandante Militar de la Plaza, lo ascendiese a Mayor.
Continuó en el servicio de ametralladoras hasta el mes de Agosto de 1914, en que se encontraba al frente de su Sección de Ametralladoras en Barrientos, dispuesto a la defensa de la Capital, cuando se celebraron los tratados de Teoloyucan el día 11 del mismo mes y año, entre el Gral. Don J. Refugio Velázqueza y los representantes de la revolución Constitucionalista. Pero el Mayor Silva se sintió lastimado en su honor militar por aquellos tratados, en los que encontró una humillación para el Ejército Federal; y sin solicitar su baja ni licenciarse, abandonó el servicio, dirigiéndose a los Estados Unidos, llevando en su corazón un profundo sufrimiento moral que lo hizo regresar a su Patria más tarde, muriendo de tifus en Salamanca, Gto., el 1º de Enero de 1916.