Josefa Sosa, como un caso único y raro, tomando en cuenta la época en que vivió, encontramos el de doña Josefa Sosa, primera enfermera titulada en Salamanca, que estudió en el Colegio del Estado (hoy Universidad de Guanajuato) y posteriormente hizo su especialidad en Obstetricia.
No podemos definir la fecha de su nacimiento, pero se dice que tenía 101 años al morir, un 5 de enero de 1966.
Como quiera que haya sido, es indiscutible que ella es la pionera de la enfermería en Salamanca. Hizo una especialidad en el vecino estado de Michoacán de Ocampo, y obtuvo el título de maestra de Obstetricia, un 8 de junio de 1893. Con el paso de los años y la práctica constante de su profesión, se convirtió en la partera más experimentada y solicitada, no solo en Salamanca, sino en Celaya, Irapuato y otros lugares cercanos, sin faltar las rancherías.
Según nos cuenta Petra Valadez Vda. de Almanza, quien fue su hija adoptiva, y quien nos relató y facilitó documentos sobre nuestro personaje, cobraba doña Pepita, como se le conocía, la cantidad de cuarenta pesos por atender un parto y a las personas más humildes les cobraba diez.
"A veces -dice doña Pepita- cuando venían por ella para ir a un rancho, se iba en burro, de los mismos que traían los interesados".
Ella ayudó a traer al mundo a muchos hombres salmantinos que hoy forman parte de la historia local como don Florencio Orozco, ex presidente municipal; a Octavio Arredondo, también ex alcalde; al Dr. Juan Alcocer Bernal, hoy conocido médico y partidario panista de corazón; también a todos los hijos de doña Maurita Santander; Enrique, Enriqueta, Carlos y sus otros hermanos, todos ampliamente conocidos en la población; además de otros muchos salmantinos imposibles de consignar en esta breve biografía.
La aceptación de que gozaba doña Pepita se explica por muchas razones: primero , era enfermera y titulada; segundo, la practica y su afán de superación eran sus mejores recomendaciones; tercero, los hombres no querían por ningún motivo que un médico atendiera a sus esposas y por ello, el que lo hiciera una mujer con tanta experiencia en su profesión era muy adecuado; cuarto, la higiene con que trabajaba. La pulcritud era una de sus cualidades.
Esos son sin duda, los motivos de su éxito profesional.
Fungió también, durante más de 30 años, como Sub director del Hospital Civil en Salamanca, estando como Director el Dr. Manuel Sánchez, con quien dio vida a esta institución.
Quizá este trabajo tan arduo y efectuado tan responsablemente, hicieron que doña Josefa adquiriera un carácter firme, fuerte y casi siempre su voz reflejaba mando.
Era muy metódica en sus costumbres a las 7:30 de la mañana desayunaba invariablemente chocolate con pan dulce, gorditas de trigo o elote y a veces camote. Al filo del medio día era una ley tomarse su caldo de res. ¡eso sí, se alimentaba muy bien! Nos dice Ma. Rosa Almanza, hija de doña Petra Valadez.
Intervino también en la platica el sacerdote Francisco Almanza, hijo de doña Petra, quien nos dice "También sabía cantar muy bien y tocar una vihuelita que creo que llamaban "séptima", y tenía dobles cuerdas. Yo le pedía que me cantara sobre todo una canción de la que todavía me acuerdo un poco y que dice: "sobre las aguas majestuosas de un Salmantino río, esa se llamaba una diosa en la figura de una mujer y era su voz, era tan suave como la del ave que canta allá en el bosque en su espesura".
Deducimos entonces que doña Pepita Sosa no era todo lo austera que nos habían referido, sino que también tenía su lado sensible y lo manifestaba con quienes pueden considerarse sus nietos, y es cosa irónica, que habiendo ayudado a tantas mujeres a traer a sus bebés al mundo, nunca tuvo hijos, aunque casada adoptó prácticamente a cuatro criaturas que con el paso del tiempo fueron hombres y mujeres de provecho.
Doña Josefa estuvo casada con don Pablo Soto, quien es todo un personaje aparte, simpático, según nos relatan, protagonizó una página histórica digna de contarse, pues estando peleando de parte de los revolucionarios contra el ejército, viendo la batalla perdida, estos últimos se echaron en retirada y don Pablo, sin percatarse de ello o por tener su pierna enferma (imposible definir), no se retiró del cañón que estaba manejando y siguió disparando sin tregua y viendo esto el enemigo, se retiró pensando en que todavía había muchos hombres en el otro frente. Sus compañeros al ver esto, regresaron y siguieron disparando, habiendo ganado la batalla. Este acto heroico le valió un ascenso y varias condecoraciones.
"Creo que fue allá en San Miguel de Allende -dice doña Pepa- esa batalla y todavía no estaba casado con doña Pepa Sosa".
Como quiera que haya sido ella cumplió con su profesión, como ser humano, y como madre, pues sin duda, la crianza educación de una criatura es responsabilidad ardua.
Hoy día, todavía mucha gente recuerda a doña Josefa y vive aún en el corazón de quienes son sus hijos y nietos.